Los minerales juegan un papel clave en la formación de la estructura de soporte y en el control de procesos fisiológicos cruciales. Aseguran la transmisión fluida de los impulsos nerviosos, la contracción adecuada de las fibras musculares y el mantenimiento del equilibrio ácido-base óptimo del entorno interno.
La forma determina el resultado
Debido a su compleja estructura, los minerales inorgánicos a menudo solo se absorben parcialmente, creando una carga adicional en los sistemas de filtración del cuerpo. El uso de compuestos orgánicos —formas queladas e iónicas— garantiza su absorción máxima y segura por parte de las células sin una carga innecesaria para el tracto digestivo.
Apoyo sistémico del entorno interno
Un enfoque integral de la mineralización cubre varias necesidades básicas simultáneamente para mantener una alta calidad de vida:
- Equilibrio electrolítico: regulación de la hidratación celular y mantenimiento del tono del sistema cardiovascular.
- Resistencia y flexibilidad: nutrición profunda del tejido óseo y conectivo gracias a la sinergia del calcio, el magnesio y el azufre orgánico.
- Inmunidad y protección antioxidante: creación de una barrera confiable contra el estrés oxidativo con la ayuda de zinc y selenio biodisponibles.