Generalmente se asume que la alteración de la ecología interna debido a la penetración de agentes extraños es consecuencia de una higiene insuficiente. Sin embargo, las estadísticas de las organizaciones globales indican lo contrario: millones de personas se enfrentan a diario a esta carga oculta, independientemente de su estatus y nivel de vida.
El pescado crudo en restaurantes premium, las verduras frescas de granja, el contacto con mascotas: todo esto son formas naturales de interactuar con el mundo exterior que conllevan riesgos. Los elementos no deseados poseen mecanismos de camuflaje perfectos.
Residiendo en el entorno interno durante años, no se manifiestan directamente. En su lugar, se produce un consumo metódico de valiosos nutrientes, dejando tras de sí productos de desecho que sobrecargan los sistemas de filtrado y suprimen las funciones protectoras naturales.
