Diariamente, el medio interno se enfrenta a una doble carga. Por un lado, ingresan exotoxinas del exterior: conservantes en los alimentos, aire contaminado, componentes agresivos de los productos químicos de uso doméstico. Por otro lado, se forman continuamente endotoxinas, que son un subproducto del propio metabolismo celular.
Cuando el volumen de los productos de desecho que ingresan y se forman supera la velocidad de su eliminación, se produce un estado de sobrecarga oculta. Los sistemas excretores comienzan a almacenar los metabolitos no eliminados en el espacio intercelular, el tejido adiposo y las articulaciones. Este es un proceso que se desarrolla durante años, disminuyendo gradualmente el nivel general de energía vital.
Los intentos de resolver este problema mediante restricciones dietéticas caóticas, ayunos o jugos agresivos suelen generar aún más estrés. La verdadera renovación requiere un enfoque sistémico y fisiológico que tenga en cuenta la naturaleza de la carga tóxica y apoye suavemente cada etapa de su neutralización.
