El tracto gastrointestinal funciona como una cinta transportadora perfectamente ajustada. El tránsito oportuno de alimentos garantiza la asimilación de valiosos nutrientes y la eliminación segura de los subproductos metabólicos. Si este proceso se ralentiza, se altera toda la ecología interna: se suprime la microflora beneficiosa y se bloquean los procesos de absorción de vitaminas y minerales.
La ralentización del ritmo digestivo a menudo es el resultado de un estilo de vida moderno: falta de hidratación, deficiencia de fibra y estatismo prolongado. Como resultado, el cuerpo se ve obligado a gastar una cantidad colosal de energía para mantener los procesos básicos de limpieza, lo que lleva a una caída de energía y una disminución de las defensas naturales.
Es posible devolver al sistema su dinámica original mediante cambios graduales en los hábitos diarios y la introducción de un soporte nutracéutico específico.
