Investigaciones modernas demuestran que el tracto gastrointestinal funciona como una red neuronal autónoma. La comunidad de bacterias (microbioma) está compuesta por billones de microorganismos que se encuentran en constante simbiosis con el medio interno del cuerpo. Son precisamente ellos quienes sintetizan los neurotransmisores más importantes, influyendo directamente en el estado emocional, la calidad del sueño y las capacidades cognitivas.
Además de la regulación del estado de ánimo, el intestino actúa como la principal línea de defensa. Alrededor del 80% de todas las células inmunitarias se concentran en la mucosa del tracto digestivo. Cuando el equilibrio bacteriano es normal, esta barrera reconoce y neutraliza sin fallos a los agentes indeseados. Pero si el equilibrio se desplaza hacia la flora poco amigable, las funciones protectoras disminuyen críticamente, abriendo paso a la acumulación de productos de desecho.
