El sistema inmunológico no es solo un conjunto de células, es una red altamente inteligente que escanea el entorno interno cada segundo y repele las amenazas externas. Para mantener su funcionamiento, el sistema consume una cantidad colosal de energía. Si este recurso se gasta en compensar la tensión crónica o las deficiencias, inevitablemente aparecen brechas en la armadura protectora.
La conexión entre los sistemas nervioso e inmunológico es absolutamente directa. El nivel elevado de cortisol (hormona del estrés) «apaga» literalmente la respuesta protectora activa. El sistema interno pasa a un modo de conservación de recursos, bloqueando la producción de nuevas células inmunológicas. Es precisamente por eso que los períodos de tensión emocional están tan a menudo acompañados por una disminución general del tono y vulnerabilidad.
El retorno a un estado armonioso requiere un enfoque integral: es necesario aliviar la carga del sistema nervioso, equilibrar la ecología interna y proporcionar a las células una nutrición de alta calidad.
