En las áreas metropolitanas, el acceso a la comida es ilimitado, pero los estantes de los supermercados esconden un problema masivo: una disminución global en la calidad nutricional. En las últimas décadas, debido al agotamiento del suelo y a las tecnologías agrícolas aceleradas, el valor nutricional de las frutas y verduras habituales ha caído críticamente. Lo que parece una fruta madura suele ser solo una fuente de fibra y azúcares, carente de la norma necesaria de oligoelementos y vitaminas.
Surge un a paradoja: con el consumo excesivo de calorías, las células experimentan una severa "hambre oculta". La plenitud del estómago no garantiza que el cuerpo reciba los elementos básicos para la renovación de los tejidos, la síntesis de hormonas y el mantenimiento de las barreras naturales. Este déficit crónico se manifiesta en forma de fatiga constante, tez apagada y concentración reducida.
Para obtener la norma diaria de nutrientes de una dieta regular en la actualidad, sería necesario consumir porciones enormes, lo que inevitablemente lleva a sobrecargar el sistema digestivo. La solución a este problema es la integración de productos funcionales en la dieta, creados para una nutrición dirigida a nivel celular.
