La mayoría de las bebidas energéticas populares actúan sobre el principio de la estimulación brusca del sistema nervioso agotado. No proporcionan energía real, sino que simplemente obligan al cuerpo a gastar urgentemente las reservas intocables. Dosis masivas de cafeína sintética combinadas con enormes cantidades de azúcar refinada causan un aumento repentino de las hormonas del estrés.
Este proceso conduce a un estallido de energía a corto plazo durante un par de horas, después del cual inevitablemente sigue un profundo bajón: letargo, irritabilidad, disminución de la concentración y un deseo abrumador de tomar otra porción. El uso regular de tales estimulantes sobrecarga el sistema cardiovascular y provoca fatiga crónica.
