Existe la idea errónea de que el hueso es un material estático y sin vida, parecido a la piedra. En realidad, es un sistema dinámico que se renueva continuamente a lo largo de la vida. Dos tipos de células operan en él: unas descomponen las áreas obsoletas, mientras que otras forman de inmediato otras nuevas en su lugar.
En momentos de cargas máximas o daños, este equilibrio se desplaza bruscamente hacia la síntesis. El cuerpo debe formar tejido conectivo nuevo en el menor tiempo posible para reforzar las áreas vulnerables. Si la dieta es pobre en nutrientes durante este período, comienza la extracción de recursos de otros tejidos, lo que lleva al agotamiento general y ralentiza la regeneración.
Proporcionar a las células "elementos estructurales" de calidad en forma biodisponible es la inversión principal para recuperar la libertad de movimiento habitual y mantener la densidad de la estructura.
