El sistema musculoesquelético funciona según las leyes de la sinergia natural. Un cartílago sano es como una esponja densa e hidratada que se comprime bajo carga y libera líquido sinovial, un lubricante natural. Gracias a este mecanismo, las superficies articulares se deslizan de forma absolutamente silenciosa, proporcionando una amortiguación impecable.
La dificultad radica en que el tejido cartilaginoso carece de red vascular propia. Obtiene todos los nutrientes exclusivamente por difusión desde el líquido intercelular circundante, y este proceso solo ocurre durante la actividad física. Sin movimiento no hay nutrición.
Con la edad, así como en un contexto de dieta desequilibrada y deshidratación, el líquido sinovial se espesa. El cartílago comienza a perder humedad, se vuelve más frágil y cada movimiento requiere cada vez más esfuerzo por parte del sistema interno.
