Una reducción drástica de las calorías es percibida por el entorno interno como una señal de alarma. En respuesta a este estrés, se activan mecanismos de ahorro de energía: los procesos metabólicos se ralentizan críticamente y cada nutriente entrante se almacena como reserva.
Además, en un estado de deficiencia, el nivel de hormonas del estrés aumenta, lo que bloquea el proceso natural de degradación de los lípidos. En lugar de la ligereza esperada, aparece la fatiga y el peso llega a un punto muerto.
La verdadera clave para una figura esbelta no radica en contar cada caloría, sino en el concepto de equilibrio integral. Es un proceso que incluye la eliminación oportuna de los desechos, el mantenimiento del equilibrio hídrico y la provisión a las células de material de construcción de alta calidad.
