Los procesos biológicos están indisolublemente ligados al equilibrio hídrico. En las etapas iniciales de la vida, el entorno interno está compuesto por casi un 90% de líquido, pero con la edad, esta cifra disminuye constantemente. Diariamente, a través de la respiración, la termorregulación y la limpieza natural, se consumen litros de humedad, que deben reponerse adecuadamente.
Existe el concepto erróneo de que el té, el café o las bebidas azucaradas pueden cubrir esta necesidad. Sin embargo, las células perciben cualquier líquido con aditivos como alimento. Se gasta una cantidad tremenda de energía en procesarlos y extraer humedad pura, y el proceso en sí a menudo conduce a una eliminación adicional de líquidos.
La falta crónica de agua biodisponible desencadena una cascada de reacciones compensatorias. Comienza la conservación de recursos, extrayendo humedad del espacio intercelular y del tracto digestivo. Esto inevitablemente afecta la reología (fluidez) de la sangre y la velocidad de eliminación de los productos metabólicos.
