A menudo se intenta resolver el problema de la falta de fuerza con estimulantes sintéticos u horas extra de sueño. Sin embargo, si el vigor no regresa después de un largo descanso, el problema radica mucho más profundo: a nivel de la respiración celular y el metabolismo mineral.
Con altos niveles de estrés, comidas irregulares y multitarea, las reservas internas se consumen a una velocidad colosal. Esto concierne principalmente a los electrolitos: magnesio y potasio. Ellos son los responsables de transmitir los impulsos nerviosos, relajar las fibras musculares y asegurar una producción de energía ininterrumpida.
Cuando los suministros se agotan, el sistema entra automáticamente en modo de ahorro de energía. La concentración disminuye, aparece la irritabilidad y las tareas habituales comienzan a requerir un esfuerzo increíble. Salir de este estado requiere una nutrición mineral profunda, no solo un descanso temporal.
