El proceso de limpieza general del cuerpo se puede comparar con la limpieza de una casa: no tiene sentido limpiar el espacio si se sigue introduciendo basura. La eficacia de cualquier programa integral depende en gran medida de lo que se encuentre en el plato durante este período.
Los alimentos pesados y refinados sobrecargan el tracto digestivo y comprometen los recursos del hígado, que deberían dirigirse a la neutralización y eliminación de los productos metabólicos. Una dieta ligera y basada en plantas, por el contrario, trabaja en sinergia con el programa, ayudando al cuerpo a liberarse fácilmente del lastre.
La transición a una alimentación consciente no significa pasar hambre de forma extrema. Es una medida temporal, pero necesaria, para crear las condiciones ideales para la renovación de la microflora y el apoyo a las funciones de barrera de las membranas mucosas.
